Seguramente has leído todos los libros sobre crianza consciente. Sabes qué decir, conoces la teoría de la validación emocional y te has prometido mil veces que la próxima rabieta la recibirás con calma. Sin embargo, cuando llega el grito o el llanto de tu hijo, algo ocurre dentro de ti. No es una decisión racional; es un chispazo.
Sientes que el pecho se aprieta, la mandíbula se tensa o un impulso eléctrico recorre tus brazos. En un segundo, la teoría desaparece y te encuentras reaccionando de una forma que te asusta y juraste evitar. ¿Por qué el amor hacia tu hijo/a no parece ser suficiente en esos momentos?
Desde la Psicoterapia Sensoriomotriz, se entiende que no es falta de voluntad. Lo que experimentas es el eco de tus propias heridas de la infancia manifestándose a través de tu sistema nervioso. Tu cuerpo está reaccionando a algo que tu mente intenta olvidar, y para criar desde la presencia, primero necesitamos ofrecerle seguridad a ese cuerpo que aún vive en alerta.
El impacto de las heridas de la infancia en la maternidad y paternidad actual
Es común pensar que si tuvimos una infancia difícil, el problema quedará circunscrito a nuestros recuerdos tristes y desagradables del pasado. Probablemente pensaremos que nuestras dificultades se centrarán en tratar de mantener esos recuerdos lo más alejados posibles de nuestra mente.
Sin embargo, el trauma de apego (o el impacto de esas heridas de la infancia), no solo vive en la memoria de lo que pensamos, sino que se queda «atrapado» en un tipo de memoria mucho más sutil e “inquietante” que se experimenta a través del cuerpo.
Esas huellas no siempre nacen de eventos catastróficos; a menudo surgen de la atmósfera cotidiana en la que crecimos. Quizás viviste con padres demasiado severos con los que daba miedo relacionarse, o con padres ausentes cuyo vacío se sentía como un abandono físico. Tal vez te tocó cuidar de padres aterrorizados por sus propios problemas, y no tuviste más remedio de convertirte en sus cuidadores y en “adulto” antes de tiempo.O puede que crecieras con padres impredecibles que cambiaban de estado de ánimo sin previo aviso y que te obligaban a mantenerte en un estado hipervigilante para esos cambios no te pillaran por sorpresa.
Todas estas dinámicas le enseñaron a tu sistema nervioso una lección: que el contacto y la conexión no era segura. En lugar de escoger el camino del consuelo y la protección, tu sistema nervioso se desviaba por el camino de la supervivencia y la adaptación cuando tus necesidades de seguridad se encontraban a flor de piel. Aprendió a estar en alerta máxima, a cerrarse para no sentir o a complacer para no ser rechazado. Estas heridas de la infancia moldearon tu forma de estar en el mundo y, sobre todo, tu forma de relacionarte.
¿Por qué esto se activa ahora con tus hijos?
Al convertirte en padre o madre, te expones a la situación de máxima vulnerabilidad para ambos: el vínculo afectivo. Cuando tu hijo llora desconsoladamente o tiene una rabieta (manifestando su vulnerabilidad natural), ese sonido y esa intensidad emocional, actúan como una «llave» que abre antiguas puertas.
No es que te falte paciencia; es que la demanda de tu hijo activa una señal de alarma en tu cuerpo que te avisa de un peligro antiguo despertando en ti un estado de vulnerabilidad que no tiene que ver con la situación actual. En ese instante, dejas de ver a tu hijo de 3 años y tu sistema nervioso te saca del camino de ofrecerle seguridad y protección y te mete en el camino de la supervivencia, tal y como lo hacía en el pasado. Entender que esto es una respuesta biológica y no un fallo de tu carácter es el primer paso para recuperar tu centro.
Por qué la crianza consciente es difícil cuando el cuerpo vive en alerta
La mayoría de nosotros llegamos a la crianza consciente con la mejor de las intenciones. Leemos artículos, escuchamos podcasts y seguimos a profesionales en Instagram que hablan sobre esta manera de criar.
Y tenemos claro por qué lo hacemos: validar las emociones de nuestros hijos y proporcionarles un espacio comprensivo es la base para la construcción de un apego seguro para ellos.
Sin embargo, en el momento del conflicto, esa teoría parece esfumarse. ¿Por qué nos cuesta tanto aplicar lo que sabemos que es mejor para su crecimiento?
La respuesta está en la jerarquía de nuestro sistema nervioso. Cuando tu sistema nervioso percibe el llanto desconsolado de tu hijo/a como una amenaza (por ejemplo), se activarán las áreas del cerebro implicadas en las supervivencia y se “apagarán” las áreas que se encargan de que actúes usando la lógica y la paciencia (donde reside tu intención de educar de forma consciente).
La “Ventana de Tolerancia”: ese espacio donde podemos gestionar cualquier conflicto.
La Psicoterapia Sensoriomotriz, utiliza un concepto llamado la «Ventana de Tolerancia» para explicar por qué surgen esos estados imprevisibles en nosotros en donde sentimos que perdemos todo el control.
Mientras nuestra activación nerviosa se encuentre dentro de esa ventana, podemos ser flexibles, tolerantes y acercarnos de forma curiosa a nuestros hijos cuando se encuentran en conflicto.
El problema viene cuando determinadas situaciones con nuestros hijos nos sacan de esa ventana de tolerancia. En este sentido nuestra activación nerviosa puede ser tan alta que salimos por el margen de arriba, o puede ser tan baja que nos salimos por debajo del margen de abajo…
- Hiperactivación: Cuando el estrés de la crianza te saca de tu ventana por «arriba», aparece la ira, los gritos, la impulsividad que nos lleva a gestos bruscos o incluso sales corriendo como si huyeras de él/ella.
- Hipoactivación: Cuando te sales por «debajo», puedes sentirte desconectado, vacío o apagado. Es cuando ves a tu hijo/a llorar y, aunque sabes que deberías consolarlo/a, te sientes desconectado/a de él/ella, como si estuvieras viendo una película.
El problema es que, para quienes han crecido con heridas de la infancia traumáticas, esa ventana suele ser más estrecha. Situaciones que para otros padres son «manejables», para tu sistema nervioso son una inundación. Por eso, en estos casos, la crianza consciente no puede ser solo un ejercicio mental de «pensar antes de actuar»; necesita ser un proceso de autorregulación corporal. No puedes ser el padre o la madre que deseas ser si tu cuerpo se siente constantemente en peligro (aunque la fuente de peligro venga de tus hijos).

Herramientas de autorregulación emocional para padres: del chispazo a la calma
Pasar de la teoría a la práctica no requiere grandes rituales, sino pequeños movimientos que le devuelvan la seguridad a tu cuerpo. Aquí tienes tres pasos fundamentales:
Aprende a leer tus señales antes de acabar estallando
Tu cuerpo es un radar que detecta la activación antes que tu mente. El «chispazo» suele avisar con un nudo en el estómago, calor en el cuello, presión en el pecho o tensión en la mandíbula.
La práctica: Durante el día, sin que pase nada especial, haz una pausa de 5 segundos y pregúntate: “¿Qué está sintiendo mi cuerpo ahora?”. Al entrenar esta curiosidad en calma, será más fácil notar el aviso cuando llegue la tormenta. Nombrar la sensación (“siento presión en el pecho”) ya empieza a calmar el sistema nervioso.
Cuando tu hijo/a llore, tenga una rabieta o se niegue a hacer lo que le pides trata de explorar cómo tu cuerpo en busca de esas señales de activación.

La importancia de la autorregulación física

Si te has salido de tu ventana de tolerancia, no intentes razonar; necesitas que tu cuerpo “aterrice” y vuelva a entrar dentro de esa ventana. La autorregulación es el mensaje de seguridad que le envías a tu cerebro desde tus músculos y sentidos.
- Grounding (Enraizamiento): Si sientes que vas a estallar, siente el peso de tus pies en el suelo o nota el contacto de tu cuerpo en el asiento (si estás sentado/a).
- La exhalación larga: Inspira normal, pero suelta el aire muy despacio, como si soplaras por una pajita. Esto le dice a tu sistema nervioso: “Estamos a salvo”.
La reparación como el mayor acto de amor
Desde el Humanismo, sabemos que no necesitas ser perfecto para crear un apego seguro. Lo que tu hijo necesita es saber que, si el vínculo se rompe, tú tienes la capacidad de volver y arreglarlo.
El paso a paso: Una vez que recuperes tu centro (y no antes), acércate a tu hijo/a. Valida lo que pasó sin buscar culpables: «Siento mucho haber gritado, mi reacción ha sido muy fuerte porque estaba desbordado/a. No ha sido tu culpa. Yo también estoy aprendiendo a ser un buen papá/mamá para ti».
Pedir perdón no te pone por debajo de tu hijo/a o te resta autoridad sino que ayuda a fortalecer los lazos que tenemos con ellos y también da consuelo al niño/a que fuiste en su día.

Sanar el vínculo: la psicoterapia como camino hacia un apego seguro
Entender que tus reacciones tienen una raíz biológica es liberador y reduce el sentimiento de culpa, pero a menudo no es suficiente para cambiar patrones grabados a fuego durante años. La crianza consciente es un camino precioso, pero es difícil transitarlo cargando con una mochila llena de piedras que no te pertenecen.
A través de la Psicoterapia Sensoriomotriz, no solo hablamos de lo que pasó; trabajamos directamente con el lenguaje de tu cuerpo. El objetivo es ampliar tu ventana de tolerancia para que el llanto de tu hijo deje de ser una amenaza y se convierta, simplemente, en una petición de consuelo que te sientes capaz de atender.
Pero no nos quedamos aquí: tus hijos son tremendamente importantes, pero tú también lo eres. Sanar tus propias heridas de la infancia es el regalo más grande que puedes hacerte a ti y a tus hijos. Al procesar tu historia, rompes la cadena del trauma intergeneracional y construyes para ellos el refugio seguro que tú siempre mereciste tener.
¿Sientes que el amor por tus hijos no es suficiente para mantener la calma?
No tienes por qué hacerlo solo/a. Te invito a una sesión de valoración donde exploraremos juntos cómo tu historia personal influye en tu presente y cómo podemos devolverle la seguridad a tu sistema nervioso para que puedas disfrutar de la crianza desde la calma y la conexión real que tu familia merece.
Agenda tu sesión de valoración aquí: https://tristezaenpositivo.com/sesion-de-valoracion-boletin/







